
Era la primera cita, la primera impresión, era el primer encuentro, la primera decisión; llegó quince minutos antes de la hora pactada, observo alrededor y la plaza estaba poblada, las palomas consumían al sol radiante, las casas antiguas reposaban en la sombra, los niños acaudalados de sonrisas corrían en desorden, los vendedores de postres transitaban de un lado para otro, el sol seguía en su afán de golpear lo que encontraba y siempre lento, lento pero seguro.
La cita era a las seis de la tarde, cumplida la hora el acompañante no llegaba, ella empezó a inquietarse, a sentirse nerviosa, a dudar de la llegada del acompañante. Se sentó en una banca, sola, vacía, con ojos perdidos y el rostro desanimado, con aroma escondido y siempre insegura de mostrarse a los demás. Vestía una chaqueta gris, sandalias ligeras y un pantalón algo ancho para la ocasión. Traía una cartera, no se había maquillado y mas que natural se le veía descuidada.
El sol se ocultaba, la luna asomaba, la noche se presentía, la luz se escondía.De pronto apareció él, el acompañante, paso lento, cansado, venia con un sombrero marrón en las manos, cabello corto, camisa manga larga, pantalón de vestir y un zapato negro. Al buscarse reconocieron sus códigos y en una banca empezaron a charlar.De un momento a otro y de manera abrupta ella levantó de su asiento y se fue corriendo, el trató de detenerlo pero fue en vano.
Al parecer el le habría propuesto algo que por la reacción de ella no estaría preparada.
Esta vez no había gente en aquella plazuela, permanecía mas tranquila, menos ruidosa, esta vez a diferencia de la primera cita el acompañante llegó primero, esta era la segunda cita y estaba pactada al igual que la anterior para las seis de la tarde. Eran las cinco y media, el acompañante empezó a caminar por alrededores, algo tímido e inseguro. Marcó el territorio y la espero.Luego de encontrarse y buen tiempo de conversación ella al igual que la primera cita se levanto de un momento a otro y se marchó, esta vez a diferencia de la primera cita el acompañante no trato de detenerla.
Después de un buen tiempo después de la segunda cita, ella empezó a buscar al acompañante, ésta había meditado sobre aquellas dos citas y al parecer ya comprendía al acompañante.No le costó mucho trabajo encontrarlo. Al observarlo y mirarlo frente a frente ocurrió lo siguiente:
Ella le dijo: está bien , desde hoy viviremos juntos.
El le respondió: si, es lo mejor, porque es lo único que te queda.
No era la primera cita ni la primera impresión, ella la vejez y el acompañante la soledad aprendieron a vivir juntos, ella arrugada y cada vez mas vieja no encontró mejor manera que acompañarse con la soledad, lo único que te queda cuando estas viejo, y el la soledad no tuvo mejor idea que sentarse a jugar cartas con la vejez, así no sentirse sola.




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